Agotamiento mental en mujeres: cómo afecta el deseo y la intimidad después de los 35
- Johe Cavero

- hace 2 días
- 4 Min. de lectura
Actualizado: hace 2 días
Cuando una mujer sostiene demasiado, el deseo pierde espacio

Mujeres que lo sostienen todo
Hoy por hoy, mujeres entre los 35 y los 50 años atraviesan una etapa de enorme intensidad vital.
Suelen estar sosteniendo simultáneamente:
proyectos profesionales o emprendimientos
responsabilidades económicas
vínculos afectivos o de pareja
procesos de crecimiento personal o espiritual
cuidado emocional de otras personas
Desde fuera pueden parecer mujeres muy fuertes y capaces.
Pero internamente muchas viven una sensación constante de sobrecarga invisible.
El problema es que cuando una mujer está sosteniendo demasiado durante demasiado tiempo, el cuerpo empieza a cerrar espacios que antes estaban disponibles.
Uno de ellos es la energía erótica.
El deseo femenino necesita espacio interior
No suele activarse desde la prisa ni desde la obligación.
Necesita tiempo.
Necesita seguridad.
Necesita presencia.
Pero cuando la mente está llena de responsabilidades, decisiones y preocupaciones, el cuerpo entra en un modo de funcionamiento muy distinto.
· Se activa el modo resolutivo.
· El modo práctico.
· El modo productivo.
Y en ese estado la energía erótica pierde prioridad.
A menudo en sesión expresan algo parecido a esto:
“Me encanta mi pareja, pero casi nunca tengo ganas.”
“Al final del día estoy agotada mentalmente.”
“Necesito silencio, no más estímulos.”
“Me da pereza autocultivarme (tocarme)
El deseo no ha desaparecido…simplemente no tiene espacio para aparecer.
El agotamiento mental también apaga la sensibilidad
Una mujer que vive mentalmente saturada puede seguir funcionando en su vida diaria.
Puede trabajar, dirigir proyectos, acompañar personas, meditar o cualquier otro oficio.
Pero la saturación mental afecta directamente la capacidad de sentir placer.
El sistema nervioso permanece en un estado de alerta constante.
En ese estado el cuerpo prioriza: resolver - organizar - proteger - sostener
No entregarse.
Por eso experimentan:
menor deseo sexual
dificultad para relajarse en la intimidad
sensación de desconexión con el propio cuerpo
encuentros íntimos donde la mente sigue pensando
No es una falta de feminidad ni de amor.
Es un sistema nervioso que no está encontrando descanso.
La mujer que cuida a todos… pero se olvida de sí misma
En muchos casos aparece otro patrón profundo.
· La mujer que acompaña.
· La mujer que sostiene.
· La mujer que cuida.
Esto es muy común en el rubro profesional, empresarias, terapeutas, facilitadoras, profesoras o mujeres que trabajan acompañando procesos de otros.
Acostumbradas a estar disponibles física, psicológica, mental y emocionalmente, muchas veces terminan colocando sus propias necesidades en segundo plano.
El problema es que el erotismo necesita exactamente lo contrario.
Necesita que una mujer pueda: sentirse, escucharse, habitar su cuerpo recibir
Cuando una mujer pasa demasiado tiempo en el rol de sostener, el deseo se debilita porque la energía está orientada hacia afuera.
Cuando la intimidad empieza a sentirse como otra responsabilidad
Uno de los efectos más frecuentes del agotamiento mental es que la sexualidad empieza a sentirse como una tarea más.
· Algo que “debería ocurrir”.
· Algo que la pareja espera.
· Algo para lo que “debería haber ganas”.
Y cuando el erotismo entra en el territorio del deber, el cuerpo suele responder cerrándose.
No por rechazo… sino por saturación.
Y sienten que lo que realmente necesitan no es más estímulo, sino algo muy distinto.
Silencio.
Pausa.
Espacio.
Recuperar el deseo desde otro lugar
La solución a este tipo de agotamiento no suele ser “activar más la sexualidad”.
Es reordenar la relación con la propia energía en tu propio cuerpo.
Y el primer paso es volver a crear espacios donde no tengan que sostener nada.
Espacios donde puedan simplemente
estar.
Respirar.
Sentir el cuerpo.
Soltar la mente.
Desde una mirada de sexualidad consciente, recuperar el deseo no empieza en la cama.
Empieza en la forma en que una mujer vuelve a habitarse a sí misma.
El deseo vuelve cuando una mujer vuelve a sí misma
Cuando una mujer recupera momentos de presencia corporal, algo comienza a cambiar.
El sistema nervioso baja la tensión.
El cuerpo vuelve a sentirse.
La sensibilidad reaparece.
Y desde ese lugar el deseo puede volver a surgir, no como obligación, sino como impulso natural.
Porque el erotismo no responde a la presión.
Responde a la presencia.
Cuando buscar acompañamiento terapéutico
El estar acostumbradas a resolver todo por sí mismas termina agotándolas, y es que eso tiene un precio, eso le pasa factura al cuerpo.
Pero hay momentos en los que tener un espacio terapéutico puede ser profundamente transformador.
Un lugar donde no tengan que sostener nada.
Donde puedan explorar con calma:
su relación con el deseo, la carga mental que están sosteniendo, la forma en que viven su energía erótica y el modo en que su vida actual está impactando su intimidad
Cuando el agotamiento mental se comprende y se atiende, algo muy profundo empieza a cambiar.
La sexualidad deja de ser una demanda.
Y vuelve a convertirse en lo que siempre estuvo destinada a ser:
un espacio de conexión, placer y presencia.
Conclusión:
Quizá el problema no sea que el deseo se haya ido.
Quizá solo está esperando que la mujer que lo habita vuelva a casa.
Porque el deseo femenino es curioso: no aparece cuando lo llamamos con prisa, ni cuando lo perseguimos como una tarea pendiente.
El deseo es más parecido a un gato que a una agenda.
Si lo persigues, se esconde.
Si lo presionas, desaparece.
Pero si creas un espacio tranquilo…aparece, se estira, te mira y decide quedarse.
Hay quienes son brillantes, sensibles y capaces que han aprendido a sostener proyectos, personas, responsabilidades y mundos enteros.
Pero el erotismo tiene una pequeña condición filosófica:
“No le gusta vivir en una mujer que está agotada de sostenerlo todo… Le gusta vivir en una mujer que también sabe detenerse, respirar…y recordar que su cuerpo no es solo un instrumento para producir, cuidar o resolver”.
Es un lugar para sentir.
Y a veces el camino de regreso al deseo no es aprender algo nuevo, ni hacer una técnica más, ni esforzarse un poco más.
El camino es mucho más simple.
Dormir un poco más.
Pensar un poco menos.
Respirar un poco más profundo.
Y permitir que el cuerpo, que siempre ha sido más sabio que la mente, vuelva a recordarnos algo muy antiguo: que el placer no se conquista.
Se permite.
“¿Tu deseo realmente se ha ido… o simplemente no tiene espacio en la vida que estás sosteniendo?
Quizá no necesitas más esfuerzo… sino empezar a volver a ti.”
José Héctor Cavero Silva
Sexólogo en Barcelona | Especialista en deseo, intimidad y relaciones de pareja



Comentarios